El panorama que plantean es inquietante. Narcos, violencia,
desnutrición, marginalidad, discapacidad sin contención. Familias que se
desintegran, niños a la deriva en el sistema escolar, padres que salieron hace
tiempo del mercado laboral y están a merced del clientelismo del gobernante de
turno. Historias de personas que no tienen lo mínimo. Culturas de la
marginalidad que se consolidan y condicionan de por vida. No son planteos
generales, ni frías estadísticas. Son casos concretos, con anécdotas que duelen
de sólo pensar que sucedan a sólo veinte cuadras de la Plaza San Martín.
¿Qué estamos haciendo como sociedad por estos “soldados del
amor” que en el nombre de un Dios en el que todos creemos -más allá de las
particularidades de cada religión- están poniendo el cuerpo solos y librados a
su suerte?












