JUAN PABLO II. GRACIAS POR HABER INFLUIDO EN MI VIDA.
Saludo al nuevo santo que, en nuestros días de adolescencia supo saludarnos en aquel Chateau repleto de jóvenes en el Encuentro Nacional de Juventudes y luego visitar nuestras calles moviéndonos a ser servidores de "chalecos amarillos".
Fue el mismo que nos dijo: "hagan con sus manos una cadena más fuerte que las cadenas del odio y de la muerte".
Fue el que nos convocó a construir la civilización del amor y a cantar "un nuevo sol se levanta".
Yo quedé marcado por aquellas experiencias de por vida. Estoy seguro que el papa Francisco hará lo mismo con los jóvenes de hoy. Me alegra y me llena de esperanza!
LA DESESPERANZA NOS ESTA ENFERMANDO
Y está detrás de todas las distorsiones que estamos viviendo como sociedad. Propongo un cambio completo de perspectiva.
LA DESESPERANZA Y EL PESIMISMO "GARPA" HOY EN DIA (PERO NO CONSTRUYE).
Predicar pesimismo es uno de los modos más fáciles de disfrazarse de sabio. Mucho hay sobre lo que ser pesimista, pero el pesimismo permanente es un sustituto del pensamiento.
"Ningún pesimista descubrió jamás los secretos de las estrellas, o exploró una tierra no cartografiada, o abrió ningún cielo nuevo para el espíritu humano" escribió Hellen Keller, la notable autora ciega y sordomuda.
Eisenhower que dirigió el desembarco aliado en las playas de normandía en la Segunda Guerra Mundial, para convertirse luego en el presidente de los Estados Unidos, lo expresó más llanamente: "el pesimismo nunca ganó una batalla".
(Párrafo del libro "La Revolución de la Riqueza" de Alvin Toffler.
Nuestra visión expresada en nuestro programa de tv: http://youtu.be/cbpr-R4TXyM?t=16m58s
LA DESESPERANZA Y EL PESIMISMO "GARPA" HOY EN DIA (PERO NO CONSTRUYE).
Predicar pesimismo es uno de los modos más fáciles de disfrazarse de sabio. Mucho hay sobre lo que ser pesimista, pero el pesimismo permanente es un sustituto del pensamiento.
"Ningún pesimista descubrió jamás los secretos de las estrellas, o exploró una tierra no cartografiada, o abrió ningún cielo nuevo para el espíritu humano" escribió Hellen Keller, la notable autora ciega y sordomuda.
Eisenhower que dirigió el desembarco aliado en las playas de normandía en la Segunda Guerra Mundial, para convertirse luego en el presidente de los Estados Unidos, lo expresó más llanamente: "el pesimismo nunca ganó una batalla".
(Párrafo del libro "La Revolución de la Riqueza" de Alvin Toffler.
Nuestra visión expresada en nuestro programa de tv: http://youtu.be/cbpr-R4TXyM?t=16m58s
Economía del Conocimiento: cómo nos posicionaremos
Estamos de acuerdo en construir un país en el que seamos nosotros, los ciudadanos, los protagonistas -la gente- y no las corporaciones, ni supuestos "mesías". Un país que se construya de abajo hacia arriba y con la máxima libertad.
Estamos de acuerdo que esto lo vamos a lograr con una reforma muy profunda de nuestro sistema educativo y un sistema de reglas claras que perduren en el tiempo y que cumplamos TODOS.
Ahora vale la pena repasar las oportunidades que no está abriendo el mundo y cómo vamos a posicionarnos para aprovecharlas. Dejo el título: si el mundo avanzar hacia la economía del conocimiento (la tercera ola), si no serán las materias primas y ni siquiera las industrias sino las ideas innovadoras las que dominarán los mercados mundiales, entonces tenemos que ponernos de acuerdo sobre cómo vamos a subirnos a esa tercera ola.
El campo nos dará la base para despegar, las industrias nos darán trabajo para todos si logramos que sean competitivas. Pero será nuestra inventiva potenciada por nuestro I + D las que nos llevará a la cúspide.
Si todo esto fuera correcto, entonces Córdoba debe mirar lo más valioso que tenemos entre nosotros, que son nuestras universidades, para producir un giro de 180 grados sobre su dirección y gestión para que sean nuestra ventana de integración al mundo y el semillero de las ideas de vanguardia sobre alimentos, biotecnología, medicina de alta complejidad, procesamiento de materiales naturales y minerales, servicios de alta tecnología, etc, etc.
Llego la hora de fijar un norte y caminar hacia él.
Estamos de acuerdo que esto lo vamos a lograr con una reforma muy profunda de nuestro sistema educativo y un sistema de reglas claras que perduren en el tiempo y que cumplamos TODOS.
Ahora vale la pena repasar las oportunidades que no está abriendo el mundo y cómo vamos a posicionarnos para aprovecharlas. Dejo el título: si el mundo avanzar hacia la economía del conocimiento (la tercera ola), si no serán las materias primas y ni siquiera las industrias sino las ideas innovadoras las que dominarán los mercados mundiales, entonces tenemos que ponernos de acuerdo sobre cómo vamos a subirnos a esa tercera ola.
El campo nos dará la base para despegar, las industrias nos darán trabajo para todos si logramos que sean competitivas. Pero será nuestra inventiva potenciada por nuestro I + D las que nos llevará a la cúspide.
Si todo esto fuera correcto, entonces Córdoba debe mirar lo más valioso que tenemos entre nosotros, que son nuestras universidades, para producir un giro de 180 grados sobre su dirección y gestión para que sean nuestra ventana de integración al mundo y el semillero de las ideas de vanguardia sobre alimentos, biotecnología, medicina de alta complejidad, procesamiento de materiales naturales y minerales, servicios de alta tecnología, etc, etc.
Llego la hora de fijar un norte y caminar hacia él.
Educación: una propuesta revolucionaria
La educación en Argentina no va nada bien. Basta ver las comparaciones en el rendimiento de nuestros estudiantes con los de otros países. Más dramática es la poca capacidad de contención que tiene, sobre todo, en el nivel secundario. Casi la mitad de los alumnos abandonan durante la adolescencia. Así se conforma esa inmensa masa de jóvenes “ni-ni”, que no estudian ni trabajan.
El deterioro no es nuevo sino que arrastra décadas. Y no se trata sólo de un problema de recursos, ya que en los últimos años ha recibido un presupuesto mejorado en varios puntos del producto interno bruto (PIB).
Los especialistas hacen foco en tres enormes desafíos: los docentes no tienen el nivel de preparación adecuado para educar a las nuevas generaciones, más allá de su buena voluntad; los contenidos y la metodología han quedado obsoletos, y el colegio –como institución– es mal utilizado para contrarrestar los impactos sociales de la desintegración social y familiar, la violencia, la desnutrición y el consumo de sustancias.
Como me dijo una maestra de un barrio marginal: “De aquí se fueron todos y dejaron al colegio (y al cura y al pastor) en el medio de esta realidad para que se las arreglen solos”.
¿Progresistas?
Sin intención de hacer una “cacería de brujas”, es necesario subrayar que la educación pública argentina viene siendo planificada, conducida y gestionada por dirigentes y técnicos que podríamos enrolar en el espectro ideológico de la centroizquierda.
Ellos mismos se autotitulan “progresistas”, pero su fórmula ha sido producir la transformación social a través de un esquema centralizado por el Estado y gestionado por grandes burocracias.
Todos los gobiernos nacionales, desde Raúl Alfonsín a Cristina Fernández, los provinciales (incluso los municipales) negociaron políticamente la cartera de Educación con estos sectores. Y bajo la influencia de esas ideologías, se han probado una y mil variantes de reformas, como si fuera un laboratorio de humanos.
El fracaso está a la vista. Las últimas incursiones de La Cámpora en escuelas y jardines o los libros obscenos que envía el Ministerio de Educación de la Nación a las escuelas son epílogos grotescos de esta “militancia educativa” llevada a su extremo.
¿Debemos poner entonces a la educación pública en las manos de la centroderecha? Eso sería un error igual de funesto que el que hemos cometido en estas tres décadas.
La propuesta revolucionaria es que apostemos, como sociedad, a una educación que supere sus enormes falencias, no a través de una gestión estatal centralizada, sino al calor de la diversidad que produce la intromisión de la sociedad civil, la iniciativa privada y comunitaria y la decisión de los padres en este ámbito que hoy los repele.
Hablo de permitir que un porcentaje importante de las escuelas públicas de gestión estatal pasen a ser inspiradas y dirigidas por actores sociales, instituciones civiles o religiosas, cooperadoras de padres o emprendedores. Cada uno le dará su impronta, respetando –por supuesto– un núcleo básico de contenidos universales y mecanismos que garanticen la calidad educativa.
Círculo virtuoso
El principio de subsidiariedad aplicado al ámbito de la educación pública puede producir un verdadero círculo virtuoso, de abajo hacia arriba. Los fondos seguirían siendo aportados por el Estado en su totalidad, como ahora, pero su administración sería más eficiente, pues estaría en el nivel donde deben tomarse las decisiones y sujeta a resultados.
La “revolución” se completaría promoviendo que los padres que envían a sus hijos a escuelas públicas también puedan elegir la institución que mejor los interprete. Que incluso puedan premiar o castigar el desempeño de la escuela moviendo sus chicos si no están conformes. Dado que ahora el boleto educativo gratuito permite que los niños se movilicen sin costo hacia cualquier escuela, podríamos avanzar sin problema en este sentido.
Imaginemos un sistema educativo plural y diverso; con algunos colegios públicos preparados para enseñar religiones y otros que no; unos que se inclinen por la música; otros por el deporte; con una rápida salida laboral; aquellos que planteen educación mixta y los que no; los que ofrezcan educación “militar” o se adapten a su medio rural; los que propongan muchas actividades extracurriculares: inglés, portugués, ajedrez, artesanías o tornería...
¡Qué shock de vitalidad para nuestra educación hoy tan anquilosada! Derribar esa muralla que tanta desigualdad produce entre la educación pública y la privada. Y dejar que la gente sea la protagonista, y no el funcionario de turno. ¿Hay margen para debatir estas ideas en una sociedad tan “estatizada”? Al menos pensémoslo para las escuelas públicas por inaugurar hacia el futuro.
Aconsejo ver este video de la Fundación Libertad y Progreso que va en la misma línea que este artículo.
¿Es posible construir un país de abajo hacia arriba?
Argentina no confía en su gente. Ese es el principal defecto de nuestra cultura, y no es de ahora; desde el comienzo de nuestra historia construimos un país que subestima a su población. Los ciudadanos fuimos educados en esa concepción. Y a veces pareciera que preferimos que otro disponga en nuestro lugar, a cambio de protegernos y asegurarnos una vida más tranquila.
Nos hemos acostumbrado a esperar al líder. Más allá
de lo que diga nuestra Constitución, el principio tácito -aceptado por todos-
es que avanzamos sólo cuando hay un gobernante fuerte, que hace y deshace,
incluso violentando la ley. Las instituciones no importan. Importa que las
cosas se hagan.
En ese marco, el sistema dice que somos “soberanos”, pero nos tratan como animalitos. En temas tan básicos como nuestra relación laboral, nuestros ahorros, la salud de nuestra familia, la educación de nuestros hijos, la jubilación que tendremos, lo que podemos comerciar y lo que no, dónde, cuándo, con quién... las cosas de nuestro barrio, de nuestra ciudad... es el gobernante el que decide y no los propios implicados.
En verdad nadie invita
seriamente a participar en este país. Las instituciones políticas, civiles,
sindicales, empresarias, profesionales, todas tienen miedo a abrir sus puertas.
"Mejor manejarlo entre unos pocos". Siempre hay una buena excusa para
justificar el juego cerrado.
Tiene que renacer una
voluntad irrefrenable de cada argentino de ser protagonistas de su propio
destino. Y una aspiración concreta a decidir la mayor cantidad de cosas por
nosotros mismos. A algunos eso les parece una expresión de deseo, por la apatía
y el desinterés generalizado. Pero es perceptible el malestar profundo de la
gente, que sigue in crecendo. Sólo es cuestión de
tiempo.
¿Democracia directa?¿Gobierno
de las asambleas en las plazas? Nada de eso. Simplemente que no decida un
funcionario cuando podemos decidir nosotros. Y que no haga el Estado lo que
puede hacer la comunidad, es decir las personas organizadas en empresas o en
instituciones. La consecuencia lógica es que los ciudadanos volvamos a tener
también el derecho a elegir –por votación o por concurso- a representantes y a
funcionarios respetados, sin ser víctimas de las distorsiones de la partidocracia.
Quiero vivir en un país que
vuelva a poner a su gente primero porque estoy convencido que eso generará una
Argentina más justa. Darle poder a la gente es el pilar del Desarrollo Social. Porque el
sentido común no es patrimonio de una clase. Todos están llamados a hacerse
cargo de su vida y a hacerlo lo mejor posible.
Ese es el problema cuando
los políticos adormecen a la población repartiendo cargos públicos, bolsones o
subsidios "para combatir la pobreza" sin preocuparse por dar las
herramientas y las oportunidades para que cada uno salga adelante por sí mismo.
El Estado dice preocuparse
por los marginados pero en verdad es el primero que los margina. Les dice: ésta
es tu escuela y no hay otra, ésta es tu obra social, éste es tu sindicato, ésta
es tu jubilación, y éste es tu representante (porque la lista sábana es eso:
obligar a la gente a tener representantes que no conoce). Y conformate. Los que tienen más
recursos, contratan en cambio otro seguro de salud, un colegio privado, un
sistema de seguridad privada, pero los indigentes no.
Libertad, libertad, libertad.
El grito de "¡primero la gente!", por tanto, debe convertirse en la bandera de los sectores más populares contra estos políticos y contra este sistema que nos sentencia a consumir callados y obedientes sus desordenados y “benefactores” servicios, sin voz y sin voto. Sin que el paciente decida cuál es la mejor obra social, ni los padres cuál es la mejor escuela a la que quieren que el Estado asigne los fondos que les corresponden. ¿Por qué no dejar que los ciudadanos decidamos qué es lo mejor, para nosotros y para nuestros hijos?
El grito de "¡primero la gente!", por tanto, debe convertirse en la bandera de los sectores más populares contra estos políticos y contra este sistema que nos sentencia a consumir callados y obedientes sus desordenados y “benefactores” servicios, sin voz y sin voto. Sin que el paciente decida cuál es la mejor obra social, ni los padres cuál es la mejor escuela a la que quieren que el Estado asigne los fondos que les corresponden. ¿Por qué no dejar que los ciudadanos decidamos qué es lo mejor, para nosotros y para nuestros hijos?
Muchos afirman que no
estamos preparados. Que primero deberíamos ser educados en esa cultura de la
responsabilidad personal y la participación en los asuntos que nos competen. Tienen
razón ¡pero no esperemos hasta que eso ocurra para comenzar a cambiar!. La
democracia se aprende equivocándonos al votar (como ya lo hemos hecho). La
República aprendiendo cuánto nos cuesta cada mesiánico entronizado. Y los
beneficios de una sociedad y de una economía abierta y competitiva se aprende abriéndonos
y compitiendo.
Los invito a iniciar una nueva etapa
Queridos amigos:
He estado estos dos meses callado, intentando recuperarme de la muerte de mi querido hermano y ordenando las cuestiones de mi trabajo que compartía con él.
Quiero contarles que he decidido iniciar una nueva etapa. He dedicado los últimos 12 años fundamentalmente a denunciar al poder y sus excesos y señalar las grandes distorsiones.
También elaboramos una visión, ideas y propuestas, pero no le dimos prioridad en difundirlas porque lo principal era detener un proyecto de corte totalitario. No se si fue la estrategia correcta o no, pero fue lo que hicimos (y lo hicimos de buena fe y con gran compromiso)
Pero quiero invitarlos a iniciar una nueva etapa donde concentremos el 100% de nuestras energías a desarrollar nuestra esperanza a través de propuestas concretas para Córdoba y el país.
El proyecto totalitario está en baja, gracias a Dios, pero lo que aparece como alternativa viene como vacío de ideas y germinando distorsiones de la misma especie.
Creo que la prioridad -al menos será la mía de ahora en adelante- es concentrarse en acercar ideas, visiones de lo que sí podemos hacer como sociedad si nos los proponemos, traer experiencias exitosas de todos los lugares del mundo, rescatar los buenos proyectos que ya se están desarrollando entre nosotros. Mirar el vaso medio lleno y transmitir la idea de que sí podemos, en medio de tanta decepción y tanta división.
Ese será al menos mi impronta de aquí en adelante. Veremos si lo logramos.
Trabajemos juntos si están de acuerdo.
Un abrazo
Sebastián García Díaz
#PrimeroLaEducación
Si tuviéramos que poner sólo una prioridad para esta Argentina del 2014, a pesar de haber cientos de urgencias, estoy seguro que todos acordaríamos en poner PRIMERO LA EDUCACION y darle un giro de 180 grados, para que nuestros colegios y universidades eduquen una nueva generación pensante, ciudadana, comprometida, trabajadora, llena de valores y habilidades, dispuesta a cumplir la ley y los acuerdos, innovar poniendo lo mejor de la argentinidad que es nuestra creatividad y sin miedos a integrarse al mundo. FOCO EN LA EDUCACION.
Ramón Mestre: necesitamos visión de ciudad, eficacia y transparencia
COMPARTIMOS NUESTRO PROGRAMA CIVILITAS TV -ESPERANZA FEDERAL- porque, a pesar de lo ocurrido esta semana, contiene temas importantes para Córdoba.
Un plan de Seguridad Urgente para Córdoba
Comparto artículo que me publicara hoy La Voz del Interior:
http://www.lavoz.com.ar/opinion/un-plan-de-seguridad-urgente
http://www.lavoz.com.ar/opinion/un-plan-de-seguridad-urgente
¿QUE ESTA PASANDO EN CORDOBA? No nos equivoquemos en el diagnóstico.
Por Sebastián García Díaz
Ex Secretario de Prevención de la
Drogadicción y Lucha contra el Narcotráfico de Córdoba
¿Qué pasó en Córdoba? No nos equivoquemos en el diagnóstico. No es que
la falta de policías disparó lo peor de la naturaleza humana de nuestra
sociedad lo que nos permite lanzar visiones apocalípticas de la moral de
nuestra gente. El 90% de los cordobeses permaneció en su casa atemorizados
cuidando a sus familias y no se les pasó por la cabeza salir a delinquir el
martes a la noche.
Pero hay un porcentaje importante que hace tiempo vive de la distorsión de trabajar para narcos, punteros políticos, barrabravas, patotas sindicales, para llenar ómnibus para actos que ni siquiera saben quién habla. Esta gente salió activada por una indicación de sus “caciques” seguramente movidos por una motivación política. Así se realizaron los primeros saqueos que nunca son espontáneos.
A esto se suma otro porcentaje de gente que ha comprado el relato del resentimiento, de la división y por eso se ve justificada a robarles a otros convencidos que ninguno de esos otros se salva de la duda de cómo hizo la plata. Son los que aprovecharon ese martes la ocasión para robarse algo al paso. Pero no son estos el factor mayoritario ni determinante sin los primeros.
En el centro de la escena del análisis hay que poner, por tanto, no a una sociedad dominada por el “sálvese quien pueda” sino a nuestros gobernantes y también a la policía. Lo que pasó esa noche fatídica nos marca la prioridad y la urgencia por instrumentar un giro muy profundo en la forma en la que estamos concibiendo y gestionando la seguridad en Córdoba. En nuestro caso tenemos un plan para proponer.
Si es real que el 80% de los que salieron a robar son personas vinculadas al delito en forma directa o indirecta y que responden a narcos, punteros, barrabravas, etc entonces ha quedado en claro el grave problema al que nos enfrentamos. Porque la capacidad de acción (y de destrucción) que han demostrado y la cantidad de personas que responden a estos cabecillas del crimen y que son parte de sus redes de influencia es notable.
Es un error imaginarse esta gente vestida de negro como en las películas. Son simples vecinos, iguales a los que corrían esa madrugada con objetos robados, que hace tiempo están viviendo de al margen de la ley y desde hace un tiempo han empezado a responden a jefes que los están organizando porque tienen plata, contactos y poder. Parte de este fenómeno es el incipiente proceso de favelización que supimos denunciar.
En el informe que presenté en su momento cuando dejé mi cargo calculé junto a otros expertos unos 2.500 puntos de venta de droga solo en el Gran Córdoba. Si cada familia tiene por lo menos cuatro integrantes (tienen más) hablamos de un mínimo de 10.000 personas dispuestas a todo
Con sólo esas personas lanzadas a la calle ya se arma un desastre como el que vivimos. ¿Cómo enfrentar este avance? ¿Es sólo cuestión de que nuestra policía vuelva a patrullar? Ya no hacen faltas más policías, sino que hace falta inteligencia aplicada al desafío de desbaratar las cabezas de estas redes y sus líneas de influencia.
¿Por qué en los robos había camionetas de alta gama? No porque “hasta gente rica salió a robar”. Los que robaron esa noche lo hicieron con logística y con destreza porque no son ladrones de ocasión, marginados, sino que están en la red de delito lideradas por mandos altos y medios narcos, punteros, etc. No podemos descartar que su objetivo haya sido, no robar, sino demostrar su poder (incluso motivados por algún sector de la policía que quiso el caos para fortalecer sus reclamos). El desafío entonces es que nuestro sistema de seguridad libere a los barrios de la influencia de estos caudillos tan negativos para nuestra sociedad.
Ahora la sociedad llega a su base social con sus sacerdotes y pastores, dirigentes vecinales, clubes y ongs. Pero el Estado sólo está llegando a través de punteros (y más de un empleado público que lo último que quiere es vincularse con esas realidades). Los punteros han degenerado: se han convertido en mercenarios de la movilización de personas, sea para el político gobernante, sea para el barrabrava, sea para el sindicalista que quiere romper la ciudad, sea para el narco.
Por eso el plan de seguridad que proponemos contempla una acción conjunta de Desarrollo Social, Salud, Educación y Seguridad en el territorio, pero con una alta dosis de tecnología, inteligencia y planificación por detrás. Si no, no sirve.
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