Así comienza la novela SIETE DIAS (Primer capítulo)...


 Para ver la novela entera: http://www.slideshare.net/SebastinGarcaDaz/siete-das 
  
Cirugía sin anestesia


Se ajustó la corbata y respiró hondo. Recordó por un momento el saludo que en la mañana había recibido de una sus queridas hijas, por su cumpleaños. Un pensamiento fugaz cruzó por su mente, con la pregunta que tantas veces se había hecho. “¿Mis hijos me tienen como un buen padre?” Había cumplido 45 años, que no era tanto, pero que en su propia historia de vida era una eternidad. Y tal vez había estado demasiado ocupado para prestarles la debida atención.

Abrió la puerta y salió. Las cámaras y los flashes se concentraron en él y apuntaron sus “disparos” hasta enceguecerlo. Pero no se inmutó. Sonrió levemente y avanzó hacia el estrado. Una ola de aplausos comenzó a bajar desde las gradas superiores y contagió a todos. La expectativa generalizada por una elección ganada con más del 50% de los votos, tres meses atrás, parecía haberse concentrado en ese pequeño teatro colmado de referentes, simpatizantes, gente que quería su bien y más de uno que esperaba su fracaso.

Le tomaron juramento y llegó la hora de dar sus primeras palabras. Cierta ansiedad se podía sentir en el ambiente. El triunfo electoral había sido logrado forzando las definiciones al máximo. Viniendo de un partido vecinal, había podido ganar a último momento a las grandes estructuras partidarias tradicionales con un mensaje sobrio, austero pero muy contundente sobre el cambio rotundo que debía producirse en la gestión municipal. Había convocado a una “cirugía sin anestesia”. Varios lo habían tildado “de derecha”, pero la adhesión a su discurso se produjo como un torrente.

¿Realizaría ahora este joven intendente un giro hacia la moderación, hacia lo “políticamente correcto” para preservar su carrera y poder terminar su mandato sin sobresaltos? ¿Sería ésta una nueva decepción para los cordobeses; otro más que llega para colocar a sus amigos y para repartirse los contratos más suculentos entre testaferros y conchabados del poder? Las condiciones estaban dadas para que la historia se repitiera otra vez. ¿Por qué sería él diferente a los demás? No sería el primero (ni el último) en utilizar una estrategia para llegar y luego otra para mantenerse y preparar las arcas para la próxima campaña.

En la ciudad ya es una especie de dogma que no se puede gobernar sin arreglar con el sindicato de empleados municipales y con las principales corporaciones que pueden hacer que la ciudad se pare o explote con cualquier reclamo. Ellos son el sindicato de los choferes, la corporación de los empresarios del transporte, el sindicato de los basureros, los camioneros, los inspectores…

En la primera fila estaba Alejandra, su mujer y madre de sus tres hijos. La miró fijamente por unos segundos y pudo ver que ella compartía los mismos nervios y que el trajín de los largos meses de campaña y del armado del equipo de gobierno, así como la confección del ambicioso plan, se le notaban en la cara también a ella, al igual que a él.

Doble mérito en su caso. Porque nunca le había gustado la política -ni siquiera leía los diarios- y tenía aversión al trajín cotidiano de esta actividad, con sus pequeñas mentiras, traiciones, exageraciones y puestas en escena, tanto de los contrarios como de los propios. Provenía de una familia de clase media, que a pesar de ciertas limitaciones en distintos momentos de su vida, ni se les había pasado por la mente recurrir al Estado ni a nada que tuviera que ver con él. Sin embargo, allí estaba ahora, hermosa aunque sin ostentarlo, erguida como un pilar con cierto aire sobrio pero distinguido, apoyando y cuidando las espaldas de su marido en forma incondicional.

¿Cómo sería la relación entre ellos de aquí en adelante? fue otro pensamiento que cruzó por por su mente y se fue. Sabía que el poder trae todo tipo de tentaciones. Y ya había tenido alguna oferta concreta de una reportera muy bien dotada que le insinuó estar dispuesta a todo por acompañarlo en su carrera. A “todo”.

Pero no había llegado aquí para eso y no serían éstas sus debilidades. Cierta idea de “misión” se había consolidado en él. Los esfuerzos habían sido muy grandes en todos los sentidos y su derrotero tenía ciertos capítulos que sólo se explicaban creyendo en milagros. Por ello -a diferencia de otros políticos- había terminado por convencerse de que sólo tendría esta oportunidad -y sólo ésta- para cumplir su destino. Que probablemente su carrera terminaría mal. Incluso se había imaginado alguna vez abandonando la ciudad y radicándose con su familia en otro lugar lejano. De todo esto era consciente. Pero ni aún esas probabilidades lo condicionaban mental ni sentimentalmente para desatar el nudo que tenía sometida a la ciudad desde hacía tantos años. De alguna manera, sentía que toda su vida se justificaba en este tiempo de decisiones fuertes. Su única satisfacción tal vez fuera la idea de que la historia finalmente rescataría su desempeño. Nada más. “El destino guía al que lo acepta y arrastra al que lo rechaza” había leído en algún libro y esa frase lo acompañaba por estos días.

Había llegado el momento. Volvió a respirar hondo. Recordó a su abuela cuando le sugería que antes de cualquier examen se encomendara al “Espíritu Santo” y así lo hizo. Una cierta paz le vino imprevistamente. Estaba tranquilo. Sabía lo que tenía que hacer. Y aunque no era un buen orador, en ese momento entendió que no serían las palabras, sino los hechos los que determinarían su impronta.

Comenzó a hablar. “No voy a andar con muchas vueltas. Conozco lo que somos capaces de hacer con el equipo que me acompañará en esta gestión. Pero también mis limitaciones. Y el margen que nos dará la realidad para operar sin ataduras, antes de que caigan sobre nosotros las presiones de los distintos sectores afectados por nuestras decisiones.

Por eso he decidido implementar un plan muy profundo para cambiar la Municipalidad en sólo siete días. Sí, en los próximos siete días voy a anunciar todas las medidas que luego profundizaremos a lo largo de los próximos cuatro años de gobierno. Las tomaremos todas juntas. Será una decisión por hora que cambiará el destino de la municipalidad y de la ciudad para siempre. Muchas de ellas causarán revuelo, debate; seguramente habrá reacciones furibundas de parte de algunos sindicatos y de algunas instituciones. Vamos a hacer cirugía sin anestesia y lo haremos de golpe. Políticamente sé que, lo que haremos, es un suicidio. Pero estoy operando más como vecino que como político. Si me tengo que ir me iré, antes incluso de terminar mi mandato, si es necesario. Pero no lo haré sin haber arreglado este desmadre que es la municipalidad y -con ella- la ciudad de Córdoba. Les pido paciencia a los vecinos y apoyo, porque vamos a vivir días intensos…”

El aplauso explotó en la sala, aunque la gran mayoría dudó de que pudiera lograr lo que estaba proclamando. O mejor dicho, no dudaron: no lo lograría. Pero aplaudieron de todos modos. Porque la mayoría de los que estaba allí sentado, esperaba “cobrar” de alguna manera la ayuda que había brindado de una u otra forma, durante la campaña. A más de uno le inquietó la idea de que este intendente fuera tan duro y tan intransigente que ni siquiera tuviera la “generosidad” esperada con sus seguidores y militantes. Pero descontaron que la sangre no llegaría al río…

En la conferencia de prensa posterior los periodistas intentaron extraerle cuáles eran esas decisiones tan rotundas. Pero él fue breve y lapidario: “lo sabrán momento por momento, hora por hora. Ninguna información será ocultada y ustedes serán los primeros en saberlo. Les aconsejo que busquen alojamiento cerca del edificio central de la Municipalidad por los próximos 7 días porque será una semana que los cordobeses jamás olvidarán.”

“Mañana comenzamos a trabajar a las 7 de la mañana. Un abrazo”




ANTES DE VOTAR LES DEJO ESTA REFLEXION.

No estoy conforme con estas elecciones en Córdoba. Como ciudadano me sentido subestimado. No hubo debates, no hubo propuestas o cuando las hubo fueron al boleo, como si no nos diéramos cuenta que si todas ellas se hicieran en cuatro años, el Estado provincial colapsaría. En una de las opciones (la que parece que va a ganar) hubo populismo a la cordobesa, en el otro hubo una deliberada timidez que dio a pensar si los que se candidatean no querían en verdad perder. El tercer caso fue patético: ocultó su referencia nacional y la mostró, confirmando y negando su lealtad a ese proyecto que tanto mal le ha hecho a Córdoba. Esta acción esquizofrénica se repitió una y otra vez.

Ninguno nos dijo antes de las elecciones quiénes serían sus ministros en caso de ganar, que es una información elemental para completar una propuesta electoral.

Muy pocos hablaron de soluciones para parar el narcotráfico que ha cruzado nuestra provincia y hoy es uno de sus problemas más complejos enraizado en nuestros barrios humildes... y en nuestras instituciones que permiten su avance con impunidad.

Con la experiencia política que ya tengo, con mis 43 años, sé que el que gane fruto de esta elección frustrante, luego le será muy difícil mantener su legitimidad frente a situaciones complicadas. Es como en los matrimonios por conveniencia: si no hay amor en el momento de la decisión, al poco tiempo se producen las crisis. Y se que esta elección barrerá con la mayoría de los dirigentes de la oposición.

Y es allí donde surge mi esperanza: que de la elección de mañana, surja el último gobernante de este ciclo post regreso de la democracia en Córdoba (pues todos los dirigentes provienen de esa época). Y se abra una oportunidad para nuevos dirigentes más capaces, más modernos, más visionarios y sobre todo más honestos que se atrevan a tomar la posta. Y producir el salto que hace rato Córdoba está esperando.

Los cordobeses no nos merecíamos esta elección. Hemos sufrido demasiado la discriminación del gobierno central, los saqueos, los narcoescándalos, la corrupción, las promesas sin cumplir, los nombramientos indiscriminados, la ineficiencia del Estado, el peso de los impuestos... como para que nos robaran también la posibilidad de vivir -al menos una vez- una elección que nos enorgullezca después de tantos años de democracia.

Desde el 5 de Julio, Dios quiera que comience a forjarse la nueva etapa, aunque tengamos que esperar 4 años para verla hacerse realidad.

No se si esta es la visión de toda la población. Pero es la mía y quería compartirla antes de ir a votar.

PD: quiero felicitar a personas y candidatos que desde los partidos más pequeños han hecho un esfuerzo sobrehumano por romper con esta inercia. Yo se lo que cuesta hacerlo de abajo y a pulmón (costo humano, familiar, laboral y económico) por lo que valoro infinitamente a personas como Aurelio García Elorrio o Martín Carranza Torres/Agustina Piumetto que desde sus distintos partidos avanzan sin importar si sacan muchos o pocos votos, recordándonos el valor de perseverancia cívica. Mis respetos a ellos por su tarea!

#NecesitamosInnovación

Qué rol está jugando nuestra universidad nacional de Córdoba en potenciar el "valor agregado" de Córdoba?

¿Quién se va a meter a arreglar este descalabro?




La muerte de Nisman vuelva a despertar la intención de hacer algo para que el país no siga degradándose. Y a esta altura muchos han asumido que la participación ciudadana no es suficiente. Necesitamos gente de bien dispuesta a meterse en política, para producir el cambio de fondo, desde adentro.

En mi caso, la muerte de un hermano y la dirección de nuestra empresa familiar, me ha hecho abandonar completamente la actividad política que iniciara en los turbulentos días del 2001. Pero me gustaría ayudar a allanar el camino, en base a la experiencia vivida y a los errores, a los que quieran tomar la posta.

¿Por qué a los independientes nos cuesta tanto la política? Tal vez no terminamos de entender el rol que cumple la pasión en la praxis política. La subestimamos, como los que no son de futbol y no comprenden por qué los hinchas gritan enfervorizados, aún cuando sus equipos los defraudan una y otra vez.

Al no ser ni peronistas ni radicales, no nos mueve ese sentimiento. Nos gustaría un abordaje más racional a los problemas, debatiendo soluciones y cotejando equipos.  Pero así no funciona la política en Argentina. Aquí el resultado de la deliberación no es una conclusión, sino una decisión y por eso en el proceso se apela a todo.

Apasionarse no es tan difícil como lograr apasionar a otros independientes. ¿Cómo lograrlo? Hay dos fibras: el enojo hacia los políticos y el apego a ciertos valores y principios. En el primer caso la reacción es inmediata: se llenan las plazas de cacerolas, se potencian las redes sociales al calor de la indignación. El problema es que el enojo no es sustentable: la gente -unida por el espanto- no dura más de tres o cuatro reuniones y luego vuelve a lo suyo.

Los valores en cambio producen lealtades a largo aliento. Pero los políticos han hablado demasiado de valores y, si uno quiere ser creíble, necesita redoblar la apuesta. El problema es que cuando lo hace, cierra su electorado potencial porque deja el moderado centro y se adentra hacia lo sustantivo. Los que hemos defendido públicamente valores en forma decidida, sabemos que se cosechan más críticas y prejuicios -incluso de los que piensan similar- que aquellos que no se juegan para evitar ser rotulados.

¿Cómo lograrlo (insistirá el lector interesado)? La respuesta nosotros la encontramos recién al final: la convocatoria debe inspirarse no en revisar el pasado, ni en contrastar con el presente -en nuestro caso un enfrentamiento directo al proyecto k- sino en construir el futuro. La llave está en despertar una esperanza concreta de que es posible cambiar el país.

La fórmula no es sencilla, porque es más fácil aparecer en los medios masivos -hoy el escenario de la política- golpeando fuerte con una crítica o con una posición de choque. Pero sólo el que construya esa mirada superadora y demuestre fe en ella, se abrirá camino.

La otra pregunta es para qué. El objetivo en política es el acceso al poder, porque sólo desde allí se producen los cambios. En Argentina eso supone atreverse a navegar “aguas profundas”. Sólo las grandes estructuras políticas y sindicales en consuno con ciertos grupos empresarios logran la escala para el triunfo.

Arrimarse a los que están cerca del poder es una decisión difícil, porque tienen todos los defectos que uno pretende cambiar. A nosotros no nos fue bien cuando lo intentamos: fuimos traicionados, eyectados o nos peleamos a poco de andar. Pero esta experiencia no pone en duda la regla: el que quiera resultados, debe participar en las estructuras que tengan posibilidades ciertas de ganar. Y aprender a “comerse sapos”.

Afortunadamente existen también los que se muestran inflexibles en sus convicciones. Estas personas también son muy valiosas para la política. Hay que cuidarlos y fortalecerlos. Son faros en territorios oscuros, condicionan a los poderosos y dejan al descubierto a los corruptos. Pero hay que ser conscientes que no llegarán al poder probablemente nunca y que harán política de manera testimonial toda su vida. Esto no debe desalentarlos, sino todo lo contrario. En mi caso asumí mayormente ese rol en estos 14 años y no me arrepiento.


Este año se elijen todos los cargos nacionales, provinciales y municipales. No habrá otra oportunidad así en muchos años. Sin embargo existe la amenaza de una nueva “puesta en escena” para que finalmente nada cambie. El país necesita independientes que incorporen su impronta. El que tenga una inquietud por participar ¡el momento es ahora!